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Gonzalo Sichar Moreno es investigador de la Universidad
Aut�noma de Madrid. Art�culo publicado en Iniciativa
Socialista n�mero 52, primavera 1999
El muro de Berl�n se ha ca�do, �tambi�n
se ha ca�do la izquierda? Estamos en un proceso de globalizaci�n
en el que cada vez hay menos barreras al comercio de mercanc�as
y, sobre todo, al de capitales (aunque aumentan para la migraci�n
de personas). Ahora reina el pensamiento �nico. El comunismo fracas�,
luego no hay ninguna alternativa al capitalismo y al libre mercado. Hay
quienes llegan m�s lejos y afirman que en esta �poca se han
cambiado las ideolog�as por las ideas (como si las ideolog�as
no tuvieran ideas y como si ahora no hubiese ninguna ideolog�a que
cuestione el capitalismo).
Las ideolog�as siguen existiendo, sigue sin ser lo mismo izquierda
y derecha. Este silencio forzoso de todo aquel que difiera del neoliberalismo
se ha roto a grandes gritos desde la selva Lacandona. Desde ah�,
el Ej�rcito Zapatista de Liberaci�n Nacional (EZLN) convoc�
al primer encuentro contra el neoliberalismo y por la humanidad. Los zapatistas
han puesto de manifiesto y han hecho llegar al mundo entero, sobre todo
a Europa y al NAFTA, lo que era evidente: no todo el mundo traga por el
neoliberalismo.
La identificaci�n del comunismo con las dictaduras del Este
europeo y el capitalismo con el "gendarme de la libertad", ha provocado
que muchos identifiquen capitalismo con democracia y est� claro
que no es lo mismo. Se podr� decir que los reg�menes sandinista
(1979-90) y castrista (1959-...) no son democr�ticos, �pero
acaso hay m�s democracia en el M�xico del omnipresente PRI,
en la actual Nicaragua del somocista Alem�n o en el Chile del senador
vitalicio Pinochet? �C�mo se puede pensar que un pa�s
es democr�tico por el mero hecho de que cada cuatro o seis a�os
acuda una minor�a a votar a sus dirigentes en un clima de miedo,
con votos comprados y donde la desigualdad econ�mica y la continua
amenaza militar o embarguista de los Estados Unidos impide a la mayor�a
popular votar con total libertad? �C�mo llamar democr�ticos
a reg�menes donde el poder real de la naci�n reside m�s
en las multinacionales extranjeras que en los propios gobernantes elegidos
democr�ticamente?
"Para Marcuse no hay una oposici�n profunda entre el Estado
liberal y el Estado autoritario. Al contrario, es el liberalismo mismo
el que genera al Estado total-autoritario como si �ste fuera su
realizaci�n final en un estadio avanzado del desarrollo. Se trata
de una transformaci�n que tiene lugar dentro del mismo orden social,
en la que permanece la misma estructura econ�mica y en la que conserva
buena parte de los elementos de la teor�a liberal de la sociedad.
M�s a�n: el Estado autoritario proporcionar�a la organizaci�n
y la teor�a de la sociedad correspondientes al estadio monopolista
del capitalismo, con su exigencia de una fuerza estatal poderosa que movilice
todos los medios de poder"(1) .
De esta manera se entiende perfectamente como la democracia liberal
de Estados Unidos ha podido apoyar tant�simas dictaduras en Am�rica
Latina, �frica y Asia -y a la espa�ola cuando se desprendi�
de su simbolog�a filofascista de la Falange pero manteniendo la
misma falta de libertad- durante la llamada eurocentristamente guerra fr�a
(pero que fue excesivamente caliente para el Tercer Mundo), cuando cualquier
movimiento popular era tachado de comunista, y ahora, sin el temor rojo,
ha pasado a apoyar "democracias" que siguen sin poner en peligro el monopolio
capitalista de los Estados Unidos, especialmente en Am�rica Latina.
En esta �poca de pensamiento �nico donde muchos partidos
comunistas europeos cambian de nombre (como el SED alem�n, el PCI
italiano, y todos los ex-comunistas del Este) y donde partidos de izquierda
dan un giro hacia el centro abandonando cualquier resquicio de marxismo
como paso previo para llegar al poder -como el Partido Laborista de Tony
Blair o hiciera el Partido Socialista Obrero Espa�ol en 1979- pareciera
que todo lo situado m�s a la izquierda de la socialdemocracia recuerda
a las dictaduras prosovi�ticas y, por tanto, no es pol�ticamente
correcto.
En este clima cabr�a preguntarse si la izquierda ya no es viable.
Marcuse dec�a en plena �poca de vacas gordas para los comunistas
que "si el capitalismo contin�a funcionando normalmente e incluso
aumentando el nivel de vida de sus clases trabajadoras, �stas pueden
llegar a convertirse en una parte del sistema capitalista en un sentido
diferente y positivo"(2) . Pero ahora que el estado del bienestar se desvanece
es l�gico que las clases no favorecidas se rebelen. Casos como la
victoria en Francia de una coalici�n de izquierdas, y donde el PS
debi� retornar a posturas m�s sociales para ganar, hacen
pensar que todav�a hay sitio para la izquierda (incluso en Occidente).
El nuevo gobierno rojiverde en Alemania y el ligero avance del PDS confirman
que el electorado europeo vuelve a dar prioridad a ciertos aspectos sociales
olvidados por el capitalismo neoliberal.
Ahora que "s�lo" hay capitalismo, y que vemos que se est�n
acrecentando las diferencias entre ricos y pobres a ritmos agigantados,
tiene m�s sentido hablar de la necesidad de giros hacia la izquierda
para aplicar pol�ticas sociales que supongan cambios estructurales
y no en dar limosnas que en definitiva garantizan el status quo actual.
�Pero hacia qu� izquierda se ha de girar? No debemos pasar
por alto las innumerables izquierdas impopulares, aunque todas hablen en
nombre del pueblo, que ha habido y que hay.
El r�gimen de la URSS y sus sat�lites, tantas veces llamado
socialismo "real", obedec�a m�s a un "socialismo burocr�tico",
como bien lo denomina Habermas, ya que de llevar a la realidad el socialismo
tuvo bien poco.
"Seg�n Marx, la abolici�n del capitalismo no constituye
un fin en s� mismo, sino el medio para resolver ese conflicto, para
suprimir la esclavizaci�n del hombre por el hombre. Y como quiera
que semejante esclavitud se halla institucionalizada en el proceso de producci�n,
solamente podr� ser abolida en tal proceso; los individuos solamente
podr�n ser libres si ellos mismos controlan la producci�n"(3)
.
Sustituir al patr�n por el Estado, como se hizo, no acaba con
la alienaci�n del trabajador, s�lo cambia el explotador.
"La derrota de la "revoluci�n en Occidente", el fracaso del
"socialismo real" y la estabilizaci�n del capitalismo muestran que
algo ha fallado en las previsiones marxistas; nos hablan de la necesidad
de "compensar" sus carencias. En �ltimo t�rmino, en este
aspecto Bloch y Marcuse se muestran �ntegramente de acuerdo con
Marx. Si la praxis es el criterio �ltimo de la verdad, y en ella
no se ha verificado el triunfo previsto de la revoluci�n, la teor�a
habr� de ser reformulada"(4) .
Pero corregir el socialismo no significa, ni mucho menos, abandonarlo
y adaptar el capitalismo a cierto estado de bienestar -esto ser�a,
en todo caso, corregir el capitalismo- sino modernizarlo, ver en qu�
se ha fallado: falta de democracia, intentar hacer una pol�tica
para el pueblo pero sin contar con �l (�lites intelectuales
universitarias lanzan al pueblo a la revoluci�n), burocratizaci�n,
intentar competir contra el capitalismo con sus armas y no con las del
socialismo (ver si se gana en justicia social, distribuci�n de la
riqueza, niveles de educaci�n y salud,...), implantar modelos extranjeros
a distintos pueblos y realidades...
�Es posible el socialismo democr�tico?
Todav�a no ha habido ning�n pa�s donde el triunfo
de la revoluci�n socialista haya llevado a un sistema democr�tico.
Quiz� la Yugoslavia de Tito con su "socialismo de autogesti�n"
fuera lo m�s cercano a un r�gimen socialista democr�tico,
pero no hay que olvidar que incluso all� hab�a partido �nico
y que en los consejos de trabajadores -tantas veces tomados como ejemplos
de democracia en el terreno econ�mico- s�lo una tercera parte
era elegida por los trabajadores de la empresa y las otros dos tercios
eran nombrados por el sindicato (comunista) y la administraci�n
pol�tica (de la Liga Comunista de Yugoslavia). Adem�s, la
violenta desintegraci�n de la Federaci�n Yugoslava pone de
manifiesto las grandes deficiencias del r�gimen anterior (a las
que hay que a�adir complejidades hist�ricas y la exacerbaci�n
nacionalista que en nada tiene que ver con el socialismo).
Entonces, �no es posible el socialismo democr�tico? "La
democracia socialista s�lo se consigue ampliando, profundizando
la democracia, no suprimi�ndola"(5). Lenin identifica la "democracia
proletaria" con la "dictadura del proletariado", que define como "un poder
que ha sido conquistado y se mantiene por la acci�n violenta del
proletariado sobre la burgues�a, un poder que no est� limitado
por ley alguna"(6) . Todo el poder absoluto y arbitrario de la dictadura
burguesa contra al proletariado, lo traslada de la misma manera del proletariado
contra la burgues�a.
"La v�a democr�tica hacia el socialismo supone que este
nuevo orden social s�lo puede alcanzarse con el consenso y el esfuerzo
com�n de la mayor�a de la poblaci�n. Principio fundamental
del movimiento socialista y obrero es que la liberaci�n de la clase
obrera no puede ser m�s que obra de la clase obrera misma, [lo que]
implica un rechazo absoluto de cualquier forma de sustituci�n de
la voluntad de la mayor�a. Nada m�s err�neo, y en
el fondo m�s profundamente antisocialista que la pretensi�n
de algunas minor�as de revolucionarios de interpretar la "aut�ntica
voluntad popular" a partir de un an�lisis objetivo de las relaciones
de clase, repudiando la voluntad popular que se manifieste en contra como
expresi�n de la enajenaci�n e incultura que atosiga al pueblo
en el capitalismo"(7) .
Sin embargo, much�simos movimientos revolucionarios de inspiraci�n
marxista son dirigidos por una peque�a �lite de intelectuales
de clase media y, en no pocos, ignoran a sus bases para tomar decisiones
y la direcci�n impone sus estrategias.
La falta de democracia interna es uno de los problemas de los grupos
guerrilleros. Una vez alcanzado un acuerdo de paz, la antigua guerrilla
inicia un proceso de democratizaci�n que no siempre llega a buen
t�rmino porque las diferencias ideol�gicas del grupo florecen
cuando ya no hay un "enemigo com�n"(8) .
Precisamente ahora la ex-guerrillera Unidad Revolucionaria Nacional
Guatemalteca (URNG), que acaba de culminar su conversi�n en partido
pol�tico, se est� reestructurando para aumentar su democracia
interna. Las condiciones de la clandestinidad y la guerra no les permit�a
un gran margen de funcionamiento democr�tico. Ahora tratan de convertirse
en un partido con ideales revolucionarios y democr�ticos y sin caer
en la l�gica del sistema capitalista, es decir, mantener ciertas
distancias de la socialdemocracia.
Durante la guerra fr�a, no han sido pocos los intentos de lograr
una tercera v�a entre capitalismo y socialismo. Ahora, fracasado
�ste, se toma como victorioso a aqu�l y ya no hace falta
buscar una tercera v�a entre lo bueno y lo malo. Aquella b�squeda
de tercera v�a se hac�a para paliar la deshumanizaci�n
del capitalismo y la falta de libertades (incluida la religiosa) que tra�a
el socialismo. Estas v�as pod�an ser la socialdemocracia,
la cristianodemocracia, el socialcristianismo, el liberalismo social...
Pero pronto se observaba que no era una situaci�n intermedia entre
ambos sistemas sino una suavizaci�n del primero. "El socialismo
[democr�tico] se diferencia de la socialdemocracia al enlazar con
el concepto cl�sico de democracia sin reducirla a puro m�todo
o reglas de juego. Con ello recupera su dimensi�n ut�pica
de democracia como gobierno de todos, como identidad de gobernantes y gobernados,
como realizaci�n de la libertad [...] Para el socialista democr�tico,
el socialismo coincide con el despliegue y profundizaci�n de la
democracia"(9) .
Quiz� esta b�squeda de v�a intermedia no hubiese
sido tan obsesiva si en lugar de haber llegado ese "socialismo real" se
hubiese producido realmente el socialismo(10) .
"Porque, en �ltimo t�rmino, al hablar de socialismo,
de lo que se trata es del control directo y democr�tico de la econom�a
por los productores mismos. En este sentido, el socialismo no es m�s
que la fase final del proceso de democratizaci�n que empez�
con las primeras formas de control ciudadano sobre el aparato estatal (gobierno
representativo). Ampliar hoy la participaci�n ciudadana en el gobierno
central, regional y municipal exige como requisito previo la democratizaci�n
de la empresa [...] El socialismo exige la democratizaci�n de la
econom�a como base para la democratizaci�n de todas las dem�s
esferas de la vida social y pol�tica, a la vez que la democratizaci�n
de estas esferas es requisito para llevar adelante la democratizaci�n
paulatina de la esfera econ�mica"(11) .
El Trotsky anterior a 1917 y posterior a 1923 estar�a mucho
m�s cerca del socialismo democr�tico que la idea disciplinaria
de partido que mantuvo Lenin(12) .
"Socialismo y democracia forman una unidad indisoluble: no hay democracia
real sin socialismo, pero tampoco socialismo que merezca este nombre sin
democracia [...] No hay socialismo sin democracia y s�lo por la
democracia se puede llegar al socialismo"(13) .
La historia ha demostrado no s�lo que se han instaurado reg�menes
socialistas sin democracia sino que incluso en algunos de ellos la instauraci�n
del socialismo burocr�tico se ha realizado sin ni siquiera contar
con la primera fase marxista, la revoluci�n del proletariado, ya
que ha venido de fuera, por la armas de ej�rcitos extranjeros (las
m�ltiples intervenciones del Ej�rcito sovi�tico en
sus sat�lites).
Otra gran incongruencia de las dictaduras socialistas ha sido el poco
respeto a la autodeterminaci�n de los pueblos, esencial para una
democracia local y de base como promulga Sotelo. El caso m�s tristemente
famoso es el de las deportaciones masivas de Stalin y su intento de rusificar
a la URSS, pero no es el �nico. La invasi�n del Tibet por
parte de la China comunista, la irreal Yugoslavia pluri�tnica de
Tito, los problemas de los miskitos con el sandinismo, son otros ejemplos.
Este car�cter homogeneizante y centralista tambi�n se aprecia
en el dise�o de partido f�rreamente centralizado y disciplinado
de Lenin que choca con la "autogesti�n revolucionaria" de los mencheviques.
El socialismo debe ser subversivo
Rescatando la explicaci�n de Sotelo, de no participar clases no
obreras en el proceso revolucionario, en pa�ses de mayor�a
ind�gena este componente �tnico deber�a estar presente
en la direcci�n de los movimientos revolucionarios. En este sentido,
al socialismo no le queda otra alternativa que ser sub-versivo, es decir,
mostrar la versi�n de los de abajo. Augusto Sandino dec�a
que "Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma
y el nervio de la raza"(14) .
En los respectivos documentos de los grupos guerrilleros guatemaltecos
Ej�rcito Guerrillero de los Pobres (EGP) y Organizaci�n del
Pueblo en Armas (ORPA) reconocieron la urgencia de crear relaciones de
igualdad entre ind�genas y ladinos. ORPA en Acerca del Racismo hizo
un an�lisis fenomenol�gico de la relaci�n entre el
discriminador y el discriminado. El EGP en los Pueblos Ind�genas
y la Revoluci�n Guatemalteca defini� la sujeci�n de
la identidad �tnico-cultural de los ind�genas como una manifestaci�n
de que en el pa�s debe crearse una patria multinacional. Sin embargo,
el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), de orientaci�n comunista,
en La Cuesti�n Ind�gena no reconoce la identidad cultural
ind�gena, tratando la explotaci�n m�s como un problema
de clase(15) .
De la interacci�n e impacto entre el accionar revolucionario
y la din�mica de movimientos comunitarios y municipales surgen organizaciones
populares ind�genas, como el Comit� de Unidad Campesina (CUC)
en 1978, con v�nculos directos e indirectos con las organizaciones
guerrilleras. Estas organizaciones conjugan el marxismo con el pensamiento
propiamente ind�gena. El EZLN es el ejemplo m�s conocido
de esta conjugaci�n.
En el caso de Guatemala, EGP, ORPA, PGT y las Fuerzas Armadas Rebeldes
(como el PGT, de inspiraci�n m�s marxista que indigenista)
se unieron en 1982 en la URNG manteniendo tanto el car�cter socialista
como el indigenista (pero sin ind�genas entre sus l�deres
de primera fila).
En otros pa�ses coexisten guerrillas bien diferenciadas y que
hasta en alg�n momento pueden llegar a ser rivales. Por ejemplo,
en Per� est� el guevarista Movimiento Revolucionario Tupac
Amaru (MRTA) que combina el indigenismo con la idea de una revoluci�n
que supere las fronteras burguesas -durante alg�n tiempo integraron
una coordinadora guerrillera internacional con el M-19 colombiano y el
Ej�rcito de Guerrilla Tupac Kalari boliviano-; y el otro grupo es
el mao�sta Partido Comunista de Per�, conocido por Sendero
Luminoso, que en nada respeta a las poblaciones ind�genas no simpatizantes
"porque quien no est� con la revoluci�n est� contra
ella".
Entre los militantes del MRTA se encuentran universitarios de izquierda,
campesinos pobres y familiares de asesinados no s�lo por el Ej�rcito
sino tambi�n por Sendero Luminoso. Durante el secuestro a la embajada
de Jap�n en Lima que llev� a cabo el MRTA de diciembre de
1996 a abril de 1997, lanzaron muchas consignas diferenciadoras con respecto
a los senderistas, a quienes todos califican de sanguinarios y que cuentan
con escas�simo apoyo entre el resto de grupos izquierdistas latinoamericanos
(y europeos). A tal punto lleg� la mala prensa que los emerretistas
lanzaban contra los seguidores de Abimael Guzm�n -conocido por el
presidente Gonzalo y encarcelado desde 1992 en una de los mayores �xitos
antiterroristas de Fujimori-, que Sendero puso retenes en algunas carreteras
repartiendo octavillas donde acusaba al MRTA de luchar por los ricos.
La prensa espa�ola, que durante el secuestro enfatizaba la diferencia
entre ambos grupos, sin embargo tras el asalto de las tropas gubernamentales,
en el que murieron todos los guerrilleros y un juez cr�tico con
Fujimori, cay� en la propaganda fujimorista y calific� a
los muchachos de N�stor Cerpa de terroristas, atributo antes dado
s�lo a Sendero Luminoso.
M�xico, donde las guerrillas se cre�an recuerdos del
pasado, ha visto de nuevo a ind�genas cubri�ndose el rostro
y empu�ando las armas. Primero fue el EZLN, luego el Ej�rcito
Popular Revolucionario (EPR) y, con menor peso, el Ej�rcito Revolucionario
Insurgente Popular (ERIP).
El zapatismo tiene una novedad con respecto a todas las dem�s
guerrillas del continente americano. Y as� se lo expresaba el subcomandante
Marcos a la direcci�n del EPR:
"[...] hay que remarcar y repetir que somos diferentes [...] Gracias
a la aparici�n de ustedes, ahora mucha gente podr� entender
que lo que nos hace diferentes de las organizaciones pol�ticas existentes
no son las armas y los pasamonta�as, sino la propuesta pol�tica
[...] Ustedes luchan por la toma del poder. Nosotros por democracia, libertad
y justicia. No es lo mismo. Aunque ustedes tengan �xito y conquisten
el poder, nosotros seguiremos luchando por democracia, libertad y justicia.
No importa qui�n est� en el poder, los zapatistas est�n
y estar�n luchando por democracia, libertad y justicia"(16)..
Sin embargo, la actitud del EZLN con el EPR no es la del enfrentamiento
que mantienen las guerrillas peruanas, simplemente quieren mantener las
distancias. En otra parte del comunicado les dec�a:
"Sigan ustedes su camino y d�jenos seguir el nuestro. No nos
salven ni nos rescaten. Cualquiera que sea nuestro destino queremos que
sea nuestro. Por nosotros no se preocupen. No los atacaremos. No hemos
ca�do en el juego del poder dominante que promueve el enfrentamiento
entre la guerrilla "buena" y la guerrilla "mala". Ustedes no son nuestro
enemigo ni nosotros lo seremos para ustedes"(17) .
La violencia en el socialismo y la violencia social
Habermas, en su art�culo La Cr�tica de Hegel a la revoluci�n
francesa, critica que Hegel quiere la revoluci�n sin revolucionarios.
�ste intentaba neutralizar la conciencia subjetiva revolucionaria
mediante la realizaci�n de un Derecho abstracto moderno como un
proceso objetivo(18). Y es que no son pocos los que pretenden cambios profundos
en una sociedad pero temen a los revolucionarios por sus excesos, especialmente
en la violencia.
Una de las grandes cr�ticas que se hace al socialismo es que
su implantaci�n s�lo puede llevarse a cabo por medio de la
violencia. "Muchos, seguramente, que ver�an con agrado la tentativa
de un Che por crear un hombre y sociedad nuevos, se echan para atr�s
[...] porque en tal tentativa ha echado mano de la violencia"(19). Para
la socialdemocracia no cabe una transformaci�n repentina ni violenta
del orden establecido(20) y precisamente por eso, al no cambiar el orden
establecido, apoya impl�citamente el capitalismo.
Pero, �c�mo cambiar un sistema tan poderoso como el capitalismo
de una forma pac�fica? Adem�s, el capitalismo tiene sus medios
de autoprotecci�n y en muchas ocasiones el simple hecho de tomar
medidas reformistas ha provocado una violencia de proporciones mucho mayores
que la utilizada por las guerrillas. Un claro ejemplo de esta violencia
capitalista es el derrocamiento en 1954, auspiciado por la CIA, del reformista
presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, al que acusaron de comunista. Arbenz
s�lo trat� de expropiar parte de las tierras ociosas de los
grandes terratenientes para modernizar el capitalismo, pero fue interpretado
por Washington como un duro ataque del "comunismo internacional". En la
editorial del New York Times, del 6 de agosto de 1954, se advert�a
claramente el l�mite pol�tico al que quedaban sujetos los
patios traseros de Estados Unidos y, desgraciadamente, muchos otros patios
m�s alejados: "los pa�ses subdesarrollados con recursos ricos
tienen ahora una lecci�n objetiva en los altos costos que debe pagar
uno de ellos que se enloquece de fanatismo nacionalista"(21). Lamentablemente
esta doctrina no es del pasado sino que Madeleine Albright, Secretaria
de Estado, se encarg� de dejarnos bien claro su vigencia:
"Uno de los objetivos prioritarios de nuestro gobierno es el de asegurar
que los intereses econ�micos de los Estados Unidos puedan extenderse
a escala planetaria"(22).
Adem�s, sobre la violencia desatada por los grupos insurgentes
se puede apelar a que los pa�ses m�s necesitados de una revoluci�n
socialista y democr�tica (aquellos donde las desigualdades sociales,
econ�micas y pol�ticas son m�s fuertes) son los que
sufren mayor violencia estructural, de tal modo que la violencia guerrillera
se puede interpretar en muchos casos como defensa propia. As� por
ejemplo:
"los analfabetos ind�genas guatemaltecos, que por centenares
de millares no hablan espa�ol, no est�n leyendo a Marx: es
la persecuci�n, el despojo de sus tierras en donde estaban asentados
precolombinamente, la secular miseria, lo que ha puesto en marcha su coraje
para reconquistar su dignidad y lo que de suyo es suyo"(23).
En 1975, para darse a conocer el Ej�rcito Guerrillero de los
Pobres (EGP) se present� p�blicamente mediante el "ajusticiamiento"
de Luis Arenas Barrera, llamado el Tigre de Ixc�n por su crueldad
con los trabajadores. Su fama se hab�a iniciado en los d�as
de la intervenci�n norteamericana de 1954, �poca en que adquiri�
sus tierras con el favor del gobierno de entonces. La finca San Luis Ixc�n,
de su propiedad, hab�a sido hecha utilizando el trabajo forzado
de los ind�genas de tierra fr�a. Contingentes enteros de
mozos eran enganchados con promesas y pretextos, y se les llevaba a desmontar
una selva donde todav�a no exist�an caminos. Muchos fueron
llevados en helic�pteros militares. En alguna de sus fincas utilizaba
cepos para castigar a los indios que trataban de escapar.
La reacci�n del Ej�rcito es inmediata. S�lo tarda
tres d�as en dejar caer paracaidistas desde viejos aviones C-47
y secuestrar violentamente a campesinos. Los militares ya se dieron cuenta
que la guerrilla se hab�a extendido por la selva. Los saqueos y
las torturas de los soldados gubernamentales provoc� el p�nico
entre la poblaci�n y muchos se unieron a la guerrilla como medio
de defenderse del enemigo com�n: el Ej�rcito. En unos d�as
de ofensiva del Ej�rcito se enrolan m�s guerrilleros que
en tres a�os de charlas pol�ticas(24).
Sobre la necesidad de la violencia, como �ltimo recurso, hablan
incluso sacerdotes no involucrados en movimientos guerrilleros. El jesuita
Ellacur�a, asesinado en 1989 por el Ej�rcito salvadore�o,
dec�a que "nos encontramos con unos pobres activos obligando a los
ricos a despojarse de las condiciones materiales de su riqueza empecatada.
Esto no es posible sin lucha pol�tica, que las m�s de las
veces tendr� que ser revolucionaria y que en casos extremos podr�
ser violenta y armada". La realidad es que, desgraciadamente, muchas veces
en Am�rica Latina asistimos a casos extremos donde la v�a
pol�tica es imposible no porque sus cambios vayan a ser m�s
lentos, sino porque si los l�deres reformistas (socialdem�cratas
y democristianos) eran asesinados por el poder que ser�a de los
revolucionarios si no viviesen en la clandestinidad.
Otros sacerdotes a�n mantienen postulados m�s cercanos
a las guerrillas. Los hermanos Thomas y Arthur Melville, de la orden Maryknoll,
fueron expulsados en diciembre de 1967 de Guatemala. Ambos declararon que
el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos a la oligarqu�a guatemalteca
justificaba las acciones guerrilleras. Thomas dijo que "si el gobierno
de los Estados Unidos no interviniera en el conflicto habr�a menos
v�ctimas y menos sufrimiento, y quiz� el 2% de la poblaci�n,
que constituye la oligarqu�a, estar�a tan asustada que, con
un poco de suerte, no tendr�amos la necesidad de continuar la batalla"(25).
El padre Blase Bonpane, tambi�n Maryknoll, despu�s de su
expulsi�n de Guatemala en enero de 1968, manifest� en una
entrevista que:
"la guerrilla desarrolla la conciencia social del pueblo y de los movimientos
populares. En las peque�as comunidades trata de eliminar el analfabetismo,
aunque el maestro siempre tendr� una ametralladora a su alcance.
La gente ciertamente, al principio, tendr� miedo, porque saben que
est� armado, y ellos han visto armas s�lo en las manos de
los militares. A veces lleva mucho tiempo hacerles creer que la guerrilla
est� realmente en nombre del campesino"(26).
Para Che Guevara...
�"que �sta [la revoluci�n] tenga lugar por cauces
pac�ficos o nazca al mundo despu�s de un parto doloroso no
depende de los revolucionarios; depende de las fuerzas reaccionarias de
la vieja sociedad que se resisten a dejar nacer la sociedad nueva [...]
No debemos temer a la violencia [...], s�lo que debe desatarse [la
ejercida por las guerrillas] exactamente en el momento preciso en que los
conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias favorables"(27).
Jorge Edilberto Rosal Mel�ndez, miembro de la Comandancia General
de la URNG, dec�a que su ex-guerrilla "ya es civil y civilizada.
�Acaso es civilizado andar pegando tiros por ah�? Lo hicimos
porque no nos quedaba m�s remedio"(28), lo que indica que la situaci�n
de guerrilla debe ser algo pasajera para lograr una nueva sociedad. El
subcomandante Marcos a�n iba m�s lejos al afirmar que "somos
soldados para que un d�a ya no haya m�s soldados". Pero por
desgracia, la violencia desmedida de las guerrillas (incluso contra cierta
parte del pueblo) no han sido s�lo excepciones aisladas, aunque
siempre en mucha menor proporci�n que los ej�rcitos y grupos
paramilitares.
Si s�lo nos fijamos en las muertes producidas por la guerra
entre las guerrillas y los ej�rcitos gubernamentales las estar�amos
contando �nicamente a partir de cierto momento pero olvidando todas
las producidas por la violencia estructural (hambre, trabajos duros y mal
retribuidos, enfermedades evitables, leyes de la vagancia, carencia de
seguridad social,...)(29) e incluso por la f�sica estatal o paraestatal
(escuadrones de la muerte, patrullas civiles, abusos policiales y militares,...).
Es parecido a como cuando se habla de la deuda externa, que se hace a partir
de la independencia de las colonias sin contar el expolio de las metr�polis,
o a como cuando se trata la crisis ecol�gica el punto de partida
es 1972 sin percibir que Europa ha elimininado gran parte de sus bosques
y por eso ahora los pulmones del planeta s�lo quedan en las zonas
tropicales a cuyos pa�ses s� se les exige que no talen sus
�rboles.
Pero es que adem�s, incluso contando desde el estallido de la
guerra entre insurgentes y militares, la balanza se inclina contra los
Estados: las pol�ticas de tierra arrasada, practicadas por algunos
gobiernos adoctrinados seg�n el modelo USA en Vietnam, nunca las
utilizaron las guerrillas; el ataque sistem�tico a poblaci�n
civil s�lo lo han realizado guerrillas extremadamente radicalizadas
(Sendero Luminoso, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, entre otras)
pero casi todos los ej�rcitos estatales lo han practicado.
Un caso anecd�tico, pero que refleja muy bien esta diferencia
de comportamiento, es el que le ocurri� a don Juan Coc, l�der
comunitario q'eqchi', por los a�os '70 en el norte de Guatemala(30).
Como ten�a gran liderazgo entre la poblaci�n, el Ej�rcito
le nombr� comisionado militar. �l estaba m�s preocupado
por la cooperativa que por los asuntos pol�ticos, con lo cual no
informaba de la presencia de la guerrilla. El Ej�rcito se lo llev�
durante nueve d�as y lo tortur� hasta que vio que no sab�a
nada. Al cabo de los meses la guerrilla lo secuestr� pues sab�a
que hab�a sido comisionado militar. Durante otros nueve d�as
los guerrilleros se debat�an si matarlo o no, pero en todo ese tiempo
recibi� un buen trato (a parte de la tortura psicol�gica
de todo secuestrado que piensa que le pueden asesinar).
Con todo, es un error mitificar a los grupos guerrilleros -especialmente
cuando se hace a todos por igual sin reparar en las diferencais ideol�gicas
y en los medios utilizados- y creer que son un Robin Hood. Una vez que
han ca�do en la violencia, algunos han asesinado a campesinos inocentes
ante la sospecha de haber filtrado informaci�n al Ej�rcito,
ya sea voluntariamente, por dinero o bajo torturas.
Estas "ejecuciones" a veces incluso se produce contra ex-compa�eros.
Al poco tiempo de la formaci�n del EGP guatemalteco, dieron muerte
a uno de sus compa�eros muy individualista y que mostr� sus
ganas por abandonar la guerrilla por la dureza de la vida en la selva.
Su raz�n era bien sencilla: "quien hab�a sido incapaz de
sobreponerse a las privaciones del monte, seguramente tampoco aguantar�
las torturas del enemigo"(31). Para Payeras, seg�n nos explica en
Los d�as de la selva, con este lamentable suceso "la guerrilla hab�a
alcanzado su madurez. Probablemente, a partir de entonces todos fuimos
mejores"(32).
Por otra parte, la falta de recursos econ�micos de estos grupos,
aumentada tras la ca�da del bloque comunista, hace sospechar que
algunos -como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o Sendero
Luminoso- se est�n financiando v�a narcotr�fico, cayendo
en una de las actividades m�s sucias del capitalismo.
Otra cr�tica que se les puede hacer a ciertas guerrillas es
que, por la necesidad de intercambiarse informaci�n contraestatal
-al igual que los ej�rcitos lo hacen en contrainsurgencia-, se ponen
en contacto con grupos terroristas que en nada persiguen un socialismo
real para el bien popular. As�, existieron relaciones poco aclaradas
entre ETA y el gobierno sandinista, y ahora uno de los medios del Gobierno
espa�ol para presionar al mexicano en la extradici�n de etarras
fue las conexiones de grupos afines a ETA y el EZLN. Conexiones que dudo
que existieran a nivel oficial pero s� que hubiese gran presencia
de vascos cercanos a ese entorno que se encontraran por Chiapas "compartiendo
su lucha de liberaci�n nacional contra el Estado espa�ol,
al igual que el pueblo ind�gena lucha contra el gobierno federal",
mensaje que tambi�n extienden a Guatemala, El Salvador y otros pa�ses
latinoamericanos.
Conclusiones
Todav�a no hemos asistido a ning�n socialismo real donde
se haya reforzado la democracia de base y los medios de producci�n
hayan pasado a los trabajadores. Ha habido casos m�s o menos pr�ximos
en el "socialismo autogestionario" yugoslavo de Tito y en la Nicaragua
sandinista, pero en ambos se segu�a sin llegar a la democracia.
Sin embargo, a nivel local hay numerosas experiencias como las comunidades
de poblaci�n en resistencia (CPR) de Guatemala -sin duda un modelo
de democracia interna y de organizaci�n comunitaria digna de todo
elogio, pues mantuvieron un alt�simo nivel organizativo en unas
condiciones muy adversas por la represi�n antiguerrillera-, la autogesti�n
de Villa El Salvador en los suburbios de Lima o algunas cooperativas ind�genas
en distintos pa�ses.
Precisamente el socialismo real a veces encuentra serios adversarios
en grupos m�s o menos cercanos al llamado "socialismo real". Un
ejemplo concreto fue el atentado contra Elena Moyano, conocida por Madre
Coraje, en el que Sendero Luminoso la acribill� a balazos en presencia
de su hijo peque�o y despu�s le lanz� una bomba para
que no quedara nada de la mujer que logr� extender el vaso de leche
a los ni�os y ni�as de Villa El Salvador. Los terroristas
vieron su iniciativa como un manera de adormecer la conciencia revolucionaria
del pueblo, lo que no sab�an es que en este suburbio se ha logrado
hacer una econom�a alternativa que est� favoreciendo a las
clases populares y que de una primera acci�n con rasgos paternalistas
ha ido creciendo una conciencia cr�tica hacia las obligaciones que
el Estado tiene con su pueblo.
Numerosos partidos comunistas del Este europeo, lejos de aplicar un
socialismo real cuando estaban en el poder, ahora s�lo se desprenden
de su etiqueta "comunista" y se acogen a otras como "democr�ticos"
o "socialistas" pero siguen siendo poco dem�cratas y lo �nico
que han cambiado es la aceptaci�n del capitalismo (pero no de la
democracia). Entre ellos podemos citar al Partido Socialista Serbio (uno
de los principales instigadores de la guerra en Yugoslavia), que no ha
dudado en aliarse con el ultraderechista Partido Radical Serbio cuando
le ha convenido; al Frente de Salvaci�n Nacional rumano que despu�s
de ejecutar a Ceaucescu se instal� en el poder a modo de partido
�nico; al Partido Socialista B�lgaro... Curiosamente entre
los partidos herederos del "socialismo real" el que conserva mayor preocupaci�n
social, con todos sus errores imperialistas en pol�tica exterior,
es el �nico que no ha rehusado llamarse comunista: el Partido Comunista
Ruso, de Ziuganov.
El principio trotskista de la "revoluci�n permanente", como
fermento cr�tico para una renovaci�n constante y de replanteamiento
de las pol�ticas, no se ha dado en ning�n pa�s, lo
que ha provocado que tras la llegada de los revolucionarios al poder pronto
se han alejado de la revoluci�n y han tratado de anquilosarse en
el poder sin m�s, respondiendo a la idea del escritor franc�s
Louis Latzarus de que "toda revoluci�n la inician los idealistas
y la termina un tirano".
El hacer una revisi�n contin�a de la revoluci�n
facilitar�a incrementar el nivel de democracia. Porque el socialismo
democr�tico no s�lo es posible sino que es necesario si se
quiere obedecer al principio supremo del socialismo: el poder popular.
Los comit�s de expertos que velan por los intereses del pueblo no
tienen cabida en un verdadero socialismo. Para que el pueblo ejerza el
poder tiene que valer su opini�n y esto no se puede hacer sin democracia.
Por �ltimo, considero que la izquierda tiene que repensar. Rectificar
es de sabios. Pero este repensar habr�a sido necesario aunque no
se hubiese ca�do el muro de Berl�n. Es m�s, en ese
caso la izquierda democr�tica (y no capitalista) tendr�a
que haber estado m�s pesimista ya que hubi�semos seguido
contemplando como la �nica alternativa de izquierda anticapitalista
era dictatorial e impopular (Hungr�a en 1956, Checoslovaquia en
1968, Tiananmem en 1989,...). La alternativa socialdem�crata no
sirve para quienes creen en el socialismo democr�tico. Al no cambiar
el sistema, se mantiene el capitalismo, y en la �poca de pensamiento
�nico que vivimos esto supone aceptar el neoliberalismo aunque se
le intente decorar con cierto estado de bienestar que cada vez, por cierto,
est� en mayor peligro.
Repensar la izquerda significa estudiar y buscar nuevas f�rmulas
que superen al capitalismo(33). Hasta el momento, en esta b�squeda
los nuevos movimientos sociales (NMS) les est�n llevando la delantera
a los partidos de la izquierda tradicional. Quiz� porque ese tradicionalismo
les sujete demasiado al pasado y les impida aceptar nuevas f�rmulas
que no hayan dicho antes los grandes pensadores de la izquierda anticapitalista.
Los NMS cuentan con la ventaja de no venerar a ning�n pol�tico,
pensador, fil�sofo o cualquier clase de l�der; de tomar conocimientos
no s�lo de la cultura europea; y de que, con su mayor democracia
interna, est�n m�s expuestos a un debate desde dentro y con
otros agentes sociales. Ahora Los Verdes franceses y alemanes nos ir�n
mostrando si estos NMS tambi�n saben colaborar en un gobierno.
BIBLIOGRAF�A
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ciudadano para democratizar Guatemala. Montreal: Centro Internacional de
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Pamplona: Gaztelu Argitaletxea.
NOTAS
� 1. Jim�nez (1983), p. 107.
� 2. Marcuse (1969), p. 28.
� 3. Ibid, p. 103.
� 4. Jim�nez (1983), p. 165.
� 5. Sotelo (1980), p. 32.
� 6. Lenin, Werke, 28, p. 234, citado en Sotelo (1980), p. 32.
� 7. Sotelo (1980), p. 33.
� 8. Los grupos guerrilleros latinoamericanos en muchas ocasiones
se unen en coordinadoras formando una comandancia general com�n
para hacer frente al poderoso ej�rcito gubernamental. Y en esta
coordiandora pueden aliarse grupos marxistas-leninistas con indigenistas,
revolucionarios que luchan por la democracia y, dependiendo de la dictadura
contra la que luchasen, hasta liberales y cristianodem�cratas (tal
es el caso de la oposici�n armada a Somoza en Nicaragua hasta 1979).
�� 9. Sotelo (1980), p. 143.
�10. Por �socialismo real� entender� el de
los pa�ses comunistas. Cuando no figure entrecomillado me estar�
refiriendo a un socialismo real, es decir, democr�tico y popular.
11. Sotelo (1980), p. 37.
12.� Para dar un repaso r�pido a la trayectoria de Trotsky,
v�ase Arvon (1977).
13.� Sotelo (1980), p. 37.
14. Citado en Forcano (1992), p. 63.
15. Palencia y Holiday (1996), p. 68.
16. Citado en Gallopinto n� 30, pp. 11-12.� Bolet�n
del Comit� de Solidaridad Internacionalista de Zaragoza.
17. Ibid, p. 11.
18. Ure�a (1978), pp. 31-33.
19. Forcano (1992), p. 83.
20. Sotelo (1980), p. 49.
21. Citado en Chomsky y Herman (1981), p. 76.
22. The Wall Street Journal, 21 de enero de 1997.
23. Cardoza y Arag�n (1981), p. 177.
24. Sin embargo, en contra del EGP se puede decir que en el periodo
1982-83 (el de mayor violencia contrainsurgente) es cuando este grupo cometi�
mayor n�mero de violaciones a los derechos humanos y tambi�n
hubo muchos campesinos que se enrolaron en el Ej�rcito o grupos
paramilitares para repeler al EGP.
25. Gott (1971), p. 115.
26. Ibid, pp. 102-103.
27. Che Guevara, Ernesto. Obras completas, citado en Forcano (1992),
p. 85.
28. Notas de campo. Madrid, diciembre de 1996.
29. Por ejemplo en la �ltima d�cada en Chiapas han muerto
por desnutrici�n y enfermedades f�cilmente evitables 150.000
personas. El conflicto armado origin� 500 muertos (entre ambos bandos)
en sus cuatro primeros a�os, seg�n la CONAI.
30. Para su biograf�a, v�ase Yoldi (1996).
31. Payeras (1981), p. 51.
32. Ibid, p. 52.
33. Sobre la b�squeda de alternativas econ�micas al capitalismo,
ofreciendo un socialismo democr�tico o "Democracia Econ�mica",
es muy recomendable leer la obra de Schweickart (1997).